Revista Nature destaca el potencial científico que Chile desperdicia

Nuestro país cuenta con una gran riqueza en cuanto a materia prima, además de los cielos más limpios del planeta; sin embargo, la falta de inversión tanto pública como privada mantiene a Chile en una economía primaria sin productos con valor agregado.

Por Paz Martínez

Un extenso artículo titulado “Chile’s chance to embrace science for the twenty-first century”  sobre el escenario científico y económico de nuestro país fue publicado por la revista científica, Nature, una de las más prestigiosas de este segmento en el mundo. En el texto, se destacó la gran producción científica que tiene nuestro país, especialmente en el ámbito de la astronomía y astrofísica.

En el año 2016 Chile publicó 1.300 estudios en esos campos. Y es que nuestro país se ha convertido en un polo de la observación astronómica, atrayendo cada año a investigadores de todo el mundo, quienes aprovechan los prístinos cielos del Desierto de Atacama o de la Región de Coquimbo para realizar sus trabajos. Asimismo, nuestro país cuenta con los microscopios más grandes y modernos a nivel mundial, uno de ellos en construcción, el European Extremely Large Telescope (E-ELT), que debutará en 2024.

En esta línea, se espera que para 2020 se concentre en territorio chileno el 70% de la observación astronómica mundial. No obstante, poca de la infraestructura con la que hoy cuenta Chile es fruto de la inversión nacional, la mayoría de los observatorios y centros de estudios son financiados por inversionistas extranjeros, como el Observatorio Europeo Austral y países como Alemania, Francia y el Reino Unido.

En este sentido, desde la revista consignan que “esta dependencia del dinero y la influencia de extranjeros refleja un fenómeno más amplio. Chile ha luchado por sobresalir en otros campos científicos e invierte muy poco, menos del 0,5 por ciento de su producto interno bruto (PIB), en ciencia y tecnología”.

Inversión en ciencia y tecnología

Uno de los temas centrales al momento de hablar de ciencia y tecnología, es el presupuesto que destina el Estado chileno a esta área. Nuestro país destina sólo el 0,4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a desarrollo científico y tecnológico, seis veces menos que el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y que corresponde al 2,5%. Menos que otras economías de la región como Brasil y Argentina.

Esta cifra se hace aún más alarmante tomando en cuenta que Chile durante años no ha logrado pasar de una economía extractivista y dependiente casi en su totalidad de la exportación de cobre, la cual representa el 50% de lo que nuestro país vende al mundo.

En este sentido, Nature en su artículo expresa que “los críticos dicen que, al igual que muchos países en desarrollo, Chile está ocupado vendiendo sus recursos naturales cuando debería estar invirtiendo en un sector secundario que agregue valor a la producción en bruto. Y, en una era de globalización y las cambiantes fortunas económicas que conlleva, eso podría significar recurrir a algo que el país históricamente ha desairado: la ciencia”.

En este punto es que la inversión pública y, sobre todo, la privada juegan un rol esencial. En Chile actualmente hay una gran cantidad de científicos altamente calificados, sin embargo, hacen falta las redes necesarias para que este conocimiento llegue a la industria y viceversa. Solo de esta manera nuestro país podrá dejar de exportar materias primas y desarrollar productos competitivos en el mercado.

Ahí está el desafío. “Aún no está en el ADN de la ciencia y tecnología en nuestro país el dar el paso real a la innovación y, más aún, a la comercialización. Todavía hay grandes brechas entre las necesidades de la industria -reales, urgentes y cuya solución la haría más competitiva- y la investigación que se hace en la academia. Es indispensable crear canales que se comuniquen entre ambos mundos y que esa comunicación sea eficiente. Pueden convivir en este mismo ecosistema la ciencia básica, la ciencia aplicada, la ciencia aplicada con miras a la innovación en mediano plazo y la innovación que busca la comercialización o la aplicación de un desarrollo científico. Es posible y así lo hemos visto, es lo que han hecho países como Australia, Canadá, Austria, Reino Unido y la República Checa”, comenta María Isabel Guerra, Directora de la Unidad de Transferencia Tecnológica de CeBiB

El salmón, un buen ejemplo

Otro de los aspectos positivos que recalca la publicación es el trabajo que hizo nuestro país con la industria del salmón, la cual nació desde cero cuando las especies comerciales fueron introducidas en 1921 al país y que, con el apoyo de todos los agentes involucrados, han logrado generar décadas de dividendos para el país.  

Es propicio tomar en cuenta esta experiencia más aún cuando en nuestro país ya ha declarado su interés en la explotación de las reservas de litio, las mayores del mundo. Es momento de generar nuevas tecnologías y el conocimiento local con el objetivo de enfrentar los desafíos que presentará este sector en el futuro.