Investigación

La sociedad enfrenta desde fines del siglo XX una serie de amenazas y desafíos que, en la segunda década del siglo XXI, no han hecho sino acentuarse: al agotamiento progresivo de los recursos energéticos no renovables se suma el indiscutible efecto de los gases invernadero, que contribuyen al cambio global con las graves consecuencias que ha descrito el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) y que fueron reconocidas en la Conferencia Mundial sobre Cambio Climático que organizara la Organización de las Naciones Unidas en París (Francia) en noviembre de 2015.

La contaminación por diversos agentes es también otra de las situaciones críticas a nivel global: problemas como los residuos tóxicos de diversas industrias o la acumulación de plástico en los océanos afectan a nuestros ecosistemas, amenazando la existencia de especies de la flora y fauna y alterando el delicado balance de la naturaleza.

Este impacto que sufre nuestro planeta pareciera tener su reflejo a escala humana: en el año 2014, la Organización Mundial de la Salud declaró que la resistencia por parte de organismos patógenos a los fármacos existentes había alcanzado niveles críticos y la falta de acciones urgentes para controlar esta situación podría dejar al mundo imposibilitado para combatir infecciones. Esto podría derivar en que aquellas enfermedades que creíamos simples, como las causadas por heridas leves, y que hasta ahora pensamos curables podrían convertirse de nuevo en amenazas fatales para la salud. En paralelo, la ciencia médica aún lucha por encontrar terapias contra diversas patologías que hoy no tienen cura, desde el cáncer hasta el sida.

¿Cómo hacer frente a todas estas urgentes necesidades? La Biotecnología y la Bioingeniería son ramas de la ciencia que trabajan en el desarrollo de soluciones para estos y muchos otros problemas: la obtención de biocombustibles, el desarrollo de fármacos, la creación de nuevos materiales y procesos no contaminantes o tratamientos efectivos para los residuos tóxicos son sólo algunas de las aplicaciones en las que trabajan estas disciplinas.

Aunando el esfuerzo investigativo de distintas disciplinas, en el Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB) se trabaja en la actualidad en cinco líneas de investigación, que permitirán desarrollar aplicaciones para la optimización y eficiencia de distintos procesos (desde industriales hasta digitales), la obtención de compuestos de alto valor desde variadas biomasas, la búsqueda y síntesis de nuevas moléculas de interés farmacológico y-en general- el desarrollo de conocimiento de vanguardia que agilice las investigaciones en estas y otras áreas de la investigación científica y tecnológica.

Para el Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB), los territorios únicos a nivel mundial que posee Chile generan un espacio privilegiado para la investigación científica y tecnológica y es por ello que CeBiB lo constituyen el trabajo asociado de la Universidad de Chile, Universidad de Antofagasta, Universidad de Santiago de Chile, Universidad de La Frontera y Universidad de Los Lagos, con áreas de investigación que abarcan de norte a sur y que incluyen metabolómica, ingeniería de proteínas, modelación matemática, bioinformática y ecofisiología; todas teniendo como eje la biotecnología y la bioingeniería.

Mientras en el norte se estudia las capacidades adaptativas de los microorganismos de ambientes extremos, en la macro región sur se trabaja con el potencial de las microalgas para la obtención de biocombustibles y los llamados químicos “finos” (por ejemplo, con capacidades antioxidantes) y en el extremo austral se investiga la genómica y ecofisiología de las algas pardas, entre muchas otras materias.

Nuestras líneas de investigación:

Metabolómica e Ingeniería Metabólica (ME)

Ingeniería de Proteínas (PE)

Modelación Matemática (MM)

Bioinformática (BI)

Genética Molecular, Extremófilos y Ecofisiología (MG)